Todos los días nos enfrentamos a una cotidianidad desafiante, en el trabajo, con la familia, con los amigos… El estrés es un estado de excitación gracias al cual nuestro cuerpo reacciona de una manera espontánea, rápida y eficaz ante las diferentes exigencias que se nos presentan diariamente. Cuando nuestro cuerpo lo gestiona positivamente, la energía originada por esta respuesta, se libera y la tensión originada se disipa.
Pero la sociedad ha creado una manera de vivir repleta de presiones que ponen a prueba nuestra capacidad para hacerles frente: presiones laborales ( tienes que ser el número uno), presiones familiares ( tienes que ser el padre/madre perfecto), presiones sociales ( tienes que estar en todo!)… Es entonces cuando este cúmulo de situaciones conlleva a un aumento de la presión física y a una sobreactivación emocional. Los efectos negativos del estrés empiezan cuando no podemos reaccionar ante las situaciones que se nos presentan, y una presencia de este a largo plazo puede provocar tristeza, depresión, problemas de insomnio, problemas con la dieta, emociones coléricas, ansiedad, presencia de miedo, temblores y un largo etcétera. Es necesario romper el círculo que se crea, con la ayuda de algunas técnicas y herramientas propias para poder enfrentarnos de un modo saludable a la vida que queremos.